lunes, 19 de enero de 2009

Viaje a China (Parte 6)

Día 1 en Beijing

Nos tuvimos que levantar temprano porque había que estar como a las siete de la mañana en el aeropuerto. Igual tuvimos que esperar harto rato ahí, pero bueno, nos levantamos temprano porque había que esar temprano y el aeropuerto queda lejos de la casa de mi tía.
El vuelo fue horribleeee!! Tuvieron un problema en la torre de control, así que el avión despegó casi una hora después de lo programado, los asientos eran súper incómodos, re-chicos, poco espacio entre cada fila y la gente hablaba demasiado. El tipo que estaba atrás de mí, hablaba súper alto, todo el tiempo, y se apoyaba en mi asiento, entonces me movía... era demasiado estresante.
Cuando llegamos hacía frío, pero no tanto como lo pintaba mi tía. Así descubrí que los cantoneses son friolentos y exagerandos cuando hablan del frío.
Llegamos a almorzar a un lugar que se ve medio feo cuando uno pasa por la calle, pero entrando, se encuentran restoranes bacanes y autos todos muy de lujo, pero parece que nosotros entramos a la picá' más barata. Había un restorán hare krishna y uno árabe, entre los que me acuerdo, porque como que me emocioné al verlos. Saliendo del restorán nos asomamos por el árabe y habían harto gringos, letreros en inglés todo el rato... y dulces árabes!!!!!!!!! Pero no compramos, porque ya nos estábamos yendo. Cerca de ahí había una señora vendiendo unas tortillas de quién-sabe-qué que no se veían tan mal, y saliendo de ese callejón había un hombre vendiendo no-sé-qué frito, otro que vendía camote cocido y un carrito con mandarinas.

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En todas partes vendían camote cocido y choclo en mazorca. Era bacán, porque podía comer choclo o camote caminando en la calle y nadie me miraba raro.
Después fuimos al Templo del Cielo y al principio uno entra como a un parque, que es parte del Templo y parece que había que pagar entrada. Había mucha, mucha gente, casi todos viejitos chinos y turistas, y había como un pasillo donde se juntaban viejos chinos a cantar o jugar con naipes.

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En cuanto al canto, había uno que como que dirigía a la gente y otro que tocaba algún instrumento, uno que vi tocaba el acordeón, parece, o algo muy parecido. Era increíble el coro que se formaba, porque era mucha, mucha gente que se juntaba a cantar la misma canción, con volumen de coro. Y a lo largo del pasillo habían como tres o cuatro grupos de gente cantando.

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Los que jugaban naipes eran muchos también, pero no vi a qué jugaban.

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Para entrar a como el corazón del Templo había que pagar entrada, así que no había tanta gente... Bueno, sí, igual había, pero eran puros turistas, ningún chino disfrutando de la vida. Mágicamente, pude tomar fotos casi sin turistas mosqueando.

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- "Papá, cuida que salga el templo completo"
- "Sí, sí"

...Y nos cortó los pies.

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Más tarde nos fuimos al hotel, que no quedaba tan lejos de ahí y después una señora que mi papá conoció en Isla de Pascua nos pasó a buscar, porque nos invitó a comer.
Fuimos a un restorán lindo, donde hacían shows típicos de china. Vimos varios, como tipos haciendo demostraciones de kung fu, bailes de mujeres con abanicos, más bailes con minas de trajes largos, coloridos, y peinados raros, a los que casi no fotografié, porque se movían muy rápido y la luz era mala.

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Había un show de un tipo que tenía unas máscaras y se las cambiaba súper rápido, era demasiado choro. El último que fotografié fue uno de unas minas que se movían lento, por eso salió bien, además mi mamá dijo que era súper bonito, así que me dediqué a tomarles fotos.

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Día dos en Beijing

Nos tuvimos que levantar temprano, otra vez, y fuimos a ver al señor de los billetes, Mao Tse Tung, que está en no sé qué edificio y al frente había un par de edificios grandes también (me va pésimo en historia y en política, así que no puedo ser más precisa, lo siento). Allá, donde estaba Mao no se podían tomar fotos.
El lugar estaba todo cercado y había que pasar las cosas por rayos X y la gente por un detector de metales. Antes de entrar al edificio había como un kiosco donde vendían unas flores amarillas para llevarle a Mao, y había harta gente que compraba. Había que subir unas escaleras después y se entraba a un hall donde había una estatua de Mao sentado y frente a él, el montón de flores que le llevan los turistas, que seguramente después se recogen y se revenden, porque todo pertenece a la misma institución. Después se pasaba por un pasillo y se hacía fila hasta el lugar donde estaba Mao embalsamado. Nada de quedarse observándolo por mucho tiempo: era entrar a esa habitación, caminar siguiendo la fila, y salir a otro hall, donde vendían souvenirs. Los guardias de ahí tenían cara de que si no seguía al pie de la letra las instrucciones que me daban, me iban a fusilar.
Con miedo a que me corten la cabeza estando en China, me atrevo a decir que el personaje ese parece una estatua de cera, bien plástico y bien amarillo, color que se debe quizás por la luz que le llega de frente y de muy cerca... o quizás porque es de cera de verdad.

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(Foto del edificio donde está Mao)

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(Foto del edificio que está frente a ese)

Estuvimos harto tiempo esperando a nuentros compañeros de tour, que andaban medios perdidos entre tanto souvenir, parece, así que tuve tiempo para observar a la gente que pasaba y tomar fotos.

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Se veían hartas banderitas de agencias de viaje y señoras vendiendo guantes, bufandas y souvenirs varios. Uno que otro gringo, pero no tanto.

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Hacía un frío enorme, más frío daba porque nos llegaba viento y estábamos parados esperando a los otros pasteles que no llegaban nunca y al pastel del guía parecía no importarle tanto. Esperamos casi una hora hasta que aparecieron, pero mi hermana chica estaba congelándose porque andaba con muy poca ropa y sólo un par de calcetines, así que le dolían los pies, entonces con mi hermana grande volvimos al hotel y mis papás siguieron el tour, que en realidad no parecía muy atractivo: un museo de cosas antiguas... No sé qué cosas, en realidad, porque mi mamá no es muy buena describiendo cosas en español y yo no entiendo las palabras en chino que usaría para explicarme esas cosas.
Estuvimos un rato en el hotel y mis hermanas se acostaron, yo no podía hacer lo mismo, simplemente porque no me nace perder el día encerrada, sobre todo si no es un lugar donde voy a estar por siempre, así que me abrigué y salí a caminar un rato y a tomar fotos.

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Cuando volví mi hermana chica me dijo que iríamos a ver a mi hermana que estudia en Beijing (Layyin) y que iríamos en metro, así que un rato después partimos. En el camino vimos un estacionamiento de bicicletas, y, extrañamente, ninguna tenía candado puesto ni sistema de seguridad anti-robo.

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Estaba ella con su pololo, David, y fuimos a Mc Donalds, porque teníamos un poco de hambre, porque el desayuno en el hotel era horrible. Después caminamos hacia su departamento, pasando por su universidad (Beijing Languaje and Culture University) y por las tiendas de ropa que quedaban de paso.

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Pasamos también por un mall donde ella compra pan y compramos unas baguettes para tomar té.
Llegamos al departamento, estuvimos un rato ahí, también estaba mi primo Chileon y su polola coreana que conoció en la universidad, y después fuimos a una picá' de ropa que tiene mi hermana por ahí cerca.
Compré una chaqueta y varias poleras baratas (soy feliz comprando ropa barata) y volvimos al deprtamento a tomar té. Se sumaron tres primos más, que viven en el edificio del frente, así que fue una súper junta de primos, tomando té normal y comiendo pan tostado con mantequilla y mermelada.
Después volvimos tomando el metro y después el taxi, porque era tarde para caminar hsta el hotel, aunque no quedaba tan tan lejos.



Día tres en Beijing.

Nos levantamos temprano, otra vez, más temprano, quizás, y el programa era ir a la nieve y a la Gran Muralla. Primero fuimos a la nieve, que era un campito a los pies de un cerro con una montañita de nieve dura, donde la gente podía jugar gratis, y un desnivel con nieve dura, también, donde la gente podía esquiar, pero para eso había que pagar.

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Llegamos y los compañeros de tour corrieron al cerrito de nieve dura a deslizarse y no entendíamos muy bien por qué se ponían tan felices con una cosa tan rasca, hasta que me acordé de que son del sur de China y ahí no hay nieve, entonces muchos estaban viendo nieve por primera vez, aunque era más hielo que nieve. Estuvimos, mi mamá, mis hermanas y yo dando vueltas, comiendo choclo y alguna carne picante extraña, hasta que la gente dejó de jugar en la nieve, cuando se dio cuenta de que la nieve mojaba...

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Volvimos al bus y después partimos hacia la Gran Muralla, haciendo algunas paradas para comer y comprar souvenirs, aunque nosotras (mi papá no fue a ese paseo, por trabajo) no compramos cosas.
Ese lugar era derechamente para turistas que hacían tour, porque quedaba en medio de la nada, tenía harto espacio para estacionar buses y al entrar a la tienda, teníamos que andar con una credencial con numerito, para saber a qué agencia darle comisión por haber comprado.
En el restorán, cuando iba entrando, vi que servían unos bowls con arroz grande, para que cada uno se sirviera en la mesa, y cuando la gente se iba, sacaban lo que quedaba de arroz y lo echaban a un canasto grande de arroz, para servirlo otra vez. No comí arroz en ese almuerzo. Pense en hacer una mezcla de toda la sopa y comida que quedo en la mesa cuando terminamos de comer, para que no reciclaran esa comida, pero pensé en los niñitos de Africa que se mueren de hambre y en los chinos que trabajan todo el dia para recibir 10 yuanes, con los que apenas pueden comer, y en que jamás volveré a comer en ese lugar, así que decidí no realizar ese acto macabro de desperdiciar comida.
Ahí había un acuario con unos peces súper simpáticos, que parecían estar sonriendo todo el tiempo, y otro acuario con peces que parecían estar tristes todo el tiempo, por la forma que tenía su boca, muy simpático.

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El viaje a la Gran Muralla igual es largo y el camnio se parece un poco al Cajón del Maipo o cuando uno va a El Colorado.
Cuando llegamos, bajamos y hacía un poco de frío y corría un poco de viento. Subimos en unos carritos que andaban a baja velocidad hasta una de las torres y desde ahí caminamos por la Gran Muralla. Ahí corría un viento muuuuuuy fuerte, tan fuerte que cuando soplaba fuerte, nadie podía caminar, sólo estar quieto para mantener el equilibrio.

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No pudimos caminar mucho, porque cerraban temprano los carritos para bajar y nos teníamos que ir con el grupo. Además, había una torre que estaba cerrada y no se podía seguir, entonces no había otra opción que volver. Además, el pastel del guía nos seguía a mi hermana grande y a mí todo el tiempo, cuidando que volviéramos (mi mamá y mi hermana chica quedaron más atrás, porque estaban cansadas).
Llegamos justito cuando pusieron la reja para cerrar los carritos, pero el guía habló con la gente de ahí y nos abrieron para que bajáramos. Igual fue entretenido bajar en esas cosas, porque era como una mini montaña rusa, sin loops, que no andaba tan rápido como para asustarse y gritar, pero tampoco tan lento como para aburrirse.

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Después llegamos al hotel y nos juntamos con mi hermana, que estaba en el Mercado de la Seda, que de seda no tiene nada, pero es un lugar ultra turístico, donde casi todo lo que hay de ropa y bolsos es falsificación de marcas caras, y en el cuarto piso hay chucherías y cosas interesantes, como pinceles y tintas para caligrafía china, libritos de Mao y demases.
Ahí es donde uno regatea y si dicen 100, hay que decir 10... Fue entretenido al principio hacer eso. A veces veía algo choro y preguntaba el precio y regateaba, sólo para saber a cuánto me lo dejaban.
Compramos unas pulseritas que en Hong Kong compramos por 20 yuanes y allá nos las dejaron a diez. Había regateado sólo por diversión, pero mi papá dijo que llevara unas cuantas para regalar. Pensé en llevar dos o tres, pero mi papá dijo que llevara diez... No sé de dónde sacará tantas mujeres para regalarle pulseritas, pero como él es el de la plata, llevamos diez.
Igual mi papá no fue muy bueno regateando en ese lugar, porque igual no conseguía un precio tan bajo como yo lo conseguía y no peleaba por el precio.
Regateo usual de mi papá:
Papá: Cuánto cuesta?
Vendedor: 100.
Papá: Tan caro?
Vendedor: 80
Papá: No, muy caro.
Vendedor: Ese es el precio, no lo puedo bajar más, es de buena calidad, bla, bla, bla.
Papá: No... gracias.
Vendedor: 50.
Papa: Ya, 50.

Regateo usual de Layfan:
Layfan: Cuánto cuesta?
Vendedor: 100
Layfan: Ya... gracias (me estoy yendo)
Vendedor: Cuál es tu oferta? (y te pasan una calculadora, para que escribas el número)
Layfan: 20
Vendedor: 20??! No, no se puede.
Layfan: OK, gracias...
Vendedor: 80
Layfan: No, gracias.
Vendedor: 20 es muy poco, 60, te lo dejo en 60.
Layfan: No, gracias...
Vendedor: Cuál es tu oferta, dame un poco más.
Layfan: 20.
Vendedor: No se puede.
Layfan: 20.
Vendedor: OK, 50... 50.
Layfan: 20.
Vendedor: 35, es sólo un poco más.
Layfan: 20.
Vendedor: 25.
Layfan: OK, 25.

Al principio es súper entretenido, porque es lo que siempre sale en la televisión o en las revistas, que hay que regatear todo el tiempo, entonces vivirlo es algo así como emocionante, pero ya a la tercera compra se vuelve estresante. En ese punto uno valora que exista un precio fijo y que todos paguen el mismo precio por el mismo producto.
Ahí en el Mercado de la Seda estábamos 6 primos de Viña, una tía de Viña, mamá, papá, mis tres hermanas y yo, más dos primas de mis primos. La idea era ir a comer en la noche, así que salimos del Mercado de la Seda y tomamos taxi hasta el restorán One thousand and one nights, de comida árabe. Eramos un grupo graaaaaande de gente esperando taxi, porque está permitido llevar hasta cuatro personas, aunque los niños fuesen chicos, así que de a poco nos íbamos, a medida que pasaban los pocos taxis disponibles que habían.
En el restorán había una mesa larga para nosotros, gente de rasgos árabes y algunos gringos. De vez en cuando salían unas minas de rasgos asiáticos a bailar árabe. Bailaban una canción en el escenario y otra entre la gente que iba a comer, siempre a los hombres. Al fondo había una mesa con tres o cuatro hombres y uno de ellos se pasó de viejo verde: mientras la niña bailaba, el tipo le hacía gestos con la mano para que se acercara. Ella se acercaba y le bailaba y el tipo le hacía gestos con la mano para que se diera la vuelta... casi que babeaba el tipo.
Después salió otra niña, y el tiempo también le hacía gestitos con la mano. Sacó un billete y se lo puso entre las pechugas!!!!!!! Ay! Y la mina se prestó para eso!!
Bueno, en fin... Estaba rica la comida, fue agradable comer ensalada y humus y no sentir gusto a comida china, pero me decepcionaron demasiado los dulces árabes, porque los del Bombón Oriental, en Santiago, son mil veces mejores. Pero comí un postre que me dejó feliz feliz, que no me acuerdo el nombre, pero era como una leche asada, porque desde que llegué a China tenía ganas de comer leche asada, y acá es como imposible conseguir eso en la sección de lácteos de un supermercado.

Diá cuatro en Beijing.
Fuimos al Palacio de Verano en la mañana y paseamos por ahí harto rato. Mi hermana vive ahí cerca, así que se unió al paseo... Al fin los seis paseando juntos!
Es bello ese lugar, pero tomé más fotos afuera que adentro, porque sinceramente las fotos de interior no me salen muy bien.
Era un lugar grande, con muchos pasillos medios estrechos y construcciones tipo casa colonial chilena, o sea, todas las habitaciones estaban puestas de forma tal que hacían un patio central. Saliendo de eso, uno se encontraba con un lago congelado precioso y yendo por ahí se llegaba a una islita muy linda. Caminando hacia allá habían un par de viejitos escribiendo en el suelo con pinceles gigantes mojados con agua. No sé qué escribían, pero era una linda caligrafía que se evaporaba al poco tiempo, dejando espacio para escribir otra vez.

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Después fuimos a comer y pasamos por la villa olímpica, que se veía media gris, por la polución y por el polvo que se le había pegado a los edificios. Ya no era tan linda y brillante como salía en la tele para los Juegos Olímpicos... Pero de verdad que fue a la pasada la visita, así que no tomé fotos...
Después de comer fuimos a un hutong medio famoso y turístico y pasamos otra vez a un lugar donde hablan harto rato para vender la pomá' y después comprar. Lo que vendían ahí eran algo así como leones con cara de dragones, típicas figuras de piedra que ponen afuera de los restoranes chinos en Santiago. Explicaban los diferentes tipos que habían y para qué servía cada uno. Después vendían figuritas chicas de jade... Pobre hombre, que gastó tanta saliva y no vendió ninguno.
Después se podía hacer un paseo en esos cochecitos, pero mis hermanas y yo no quisimos, porque queríamos caminar, así que mi mamá y mi papá fueron, mientras nosotros caminábamos seguidas por el pastel del guía, que nos seguía a todas partes y aún no sé por qué razón.

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Harto moderno el súper hutong... Era como San Pedro de Atacama, que lo venden a los turistas como súper rústico con muros de barro y cruzando esos muros de barro es casi el tremendo súper resort ultra moderno, así era el súper hutong, de ladrillos de piedra ultra enchulados y bares y tiendas, todo para el turista.
Después quisimos ir a la estación de metro más cercana para ir al Mercado de la Seda, porque el día anterior sólo había estado en el cuarto piso y quería ver el resto del edificio, así que caminamos harto rato y se podían encontrar callecitas que llevaban a hutones de verdad. Aproveché de tomar fotos de la vida cotidiana en Beijing.

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(Paradero estilo Transantiago, pero todos los que suben, pagan, y ninguno se hace el hueón)

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No encontramos el metro, así que tomamos taxi. Llegamos y estuvimos como una hora ahí, en el Mercado, mirando cosas. Encontré una polera que me gustó “Dolce & Gabbana” ultra falsificada, pero en realiad me daba lo mismo la marca, me gustó la polera. Precio inicial: 450, precio que pagué: 55, pero estuve como quince minutos. No voy a poner el diálogo, porque es bastante extenso. Cuando me estaba aburriendo de regatear, me quería ir y la mina no dejaba que me fuera!! Tenía yo la calculadora y la polera en la mano y le decía “no gracias, 50, 50” y trataba de pasarle las cosas y no me las recibía y me decía “OK! 200!”. Yo me reía en su cara, de lo divertida de la situación, pero ya me estaba desesperando, porque me quería ir y no podía... Bueno, y al final pagué 55 y me fui... Ah! Y en inglés todo. Algunas vendedoras hablaban un poco de español también. Decían “finito”, queriendo decir “final”, por el precio final... Era muy chistoso su español.
Después fuimos en metro hasta el Templo del Cielo, la estación más cercana al hotel, y tomamos taxi hasta el hotel, porque ir en taxi desde el Mercado no habría costado mucha plata, pero el taco a esa hora, casi las seis, era insoportable. Es que en Beijing siempre hay taco, pero a la hora en que todo el mundo sale del trabajo, es mil veces peor.
Ahí en el hotel nos esperaba la abogada, amiga de mi papá, que nos invitaba a comer una vez más. Esta vez era a un “hot pot”, un restorán donde lo sirven todo crudo y cada uno tiene una cacerolita con agua y cuece todo lo que se va a comer. Había lechuga, que me comí cruda y estaba demasiado rica, pero me la comí con miedo de contraer cólera o algo así, o de estar tragando mucho insecticida.

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Nota: En Beijing sí dan servilleta en los restoranes.


Ultimo día.

No nos levantamos tan temprano!!
Fuimos al terminal del tren-bala, para ir a Tianjin, que no sé qué gracia tiene, pero parece que la idea era sólo andar en tren-bala. Es una ciudad que está creciendo mucho, por la cantidad de edificios altos que vi que se estaban construyendo.
En el terminal había una panadería con nombre francés y vendían pastelitos, pan y baguettes!! Así que compré una y un café y tomé un desayuna rico en mi cosmovisión. Estaba sentada haciéndome el pancito con mantequilla (anduve todo el tiempo con la mantequilla en mi bolso) y se acerca un niño que le hacía muchas preguntas a mi papá sobre la vida en Chile y mi papá le dijo algo como “mira, esto se come en Chile, es un pan que no es dulce (en China, si es pan, es dulce) y se le echa mantequilla” y me hizo darle un pedazo para que probara. En eso se acercan como tres o cuatro niños más, todos del tour, y al final todos comían pan, medios nerviosos y sonrientes por comer algo diferente. Atrás de ellos, los papás, con la misma sonrisa nerviosa porque sus hijos comían algo diferente, del otro lado del mundo. Le ofrecí a ellos, pero no quisieron. Yo estaba entre enternecida y muerta de la risa porque estos niños estaban comiendo pan con mantquilla por primera vez.
Después tomamos el tren y nuestros compañeros de tour no paraban de hablar. Estaban como emocionados por estar en un tren que andaba a 330 km/h.

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La gente de más atrás, que a parecer tomaban el tren con frecuencia, miraban hacia atrás con cara de “qué onda estos huasos?!”.
Llegamos al Tianjin y fuimos a una galería comercial muy de turista, donde vendían casi puras cosas para comer y había un señor que hacía figuritas con caramelo muy bonitas.

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Al lado de esa galería había un local chico donde vendían stinky tofu, que es un tofu frito muuuuuuuuy hediondo... de verdad que tiene olor a mierda... No sé cómo a alguien se le pudo ocurrir que esa cosa podía ser comestible.
El almuerzo fue normal, salvo por que a unos se les ocurrió preguntar palabras en español. Alguien preguntó cómo se decía “comer” y después gritaban a la mesa de al lado “comeeee!!” y yo muerta de la risa.
Después fuimos a otro hutong moderno turístico. Ese lugar es medio famoso porque hay gente que hace figuritas bonitas con plasticina. También había otro señor haciendo figuritas con caramelo.
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Pasamos “de pasada” por un río congelado donde había mucha gente sentada pescando, igual como en los dibujos animados cuando hacen un hoyito en el hielo y se sientan a pescar.

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Y finalmente fuimos al aeropuerto y el avión otra vez partió tarde, y ahí se terminó el paseo por Beijing.

Gracias por leer hasta el final y comentar!!!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Layfan, para mi que el guía las seguía porque le quedaron gustando XD

Tob dijo...

Preciosa!! Están muy bellas las fotos y el relato! Y pa' q te digo las fotos de ustedes!! :)!
Beso grande!
C.

Pipe dijo...

Ufff q largo :p
Me encantaron muchas cosas pero creo q olvidaré las primeras q leí:
Me encantó el regateo!!! genial!
las figuras de caramelo son lo mejor, muy lindas todas las fotos de la vida cotidiana de la ciudad.
Ahh los lagos congelados... ufff q envidia dios mío, q ganas de patinar ahí tener todo eso para ti sólo ufff creo q de ahí no me sacan...
q más... ahh! notable el tren igual de rápido q los nos nuestros XD
y bueno eso...
Muchos saludos =)